Dos pueblos, un mismo hechizo en la Sierra de Tramuntana
Valldemossa y Deià están a apenas 10 minutos en coche el uno del otro, unidos por la carretera Ma-10 que serpentea entre la Serra de Tramuntana y el Mediterráneo. Son, con diferencia, los dos pueblos de piedra más fotografiados de Mallorca, y no por casualidad: aquí vivió Chopin un invierno entero, aquí se instaló el archiduque Luis Salvador de Austria enamorado del paisaje, y aquí Robert Graves escribió buena parte de su obra. El resultado es un patrimonio real —cartuja, palacios, casas de escritores— envuelto en calles empedradas, terrazas de olivo y calas diminutas que compensan cualquier cuesta.
Valldemossa: la Real Cartuja y el pueblo de piedra
Valldemossa se organiza en torno a la Real Cartuja, el antiguo monasterio cartujo donde Frédéric Chopin y la escritora George Sand pasaron el invierno de 1838-39, una estancia que él relató como durísima por el frío y la humedad y que ella inmortalizó en 'Un invierno en Mallorca'. Hoy el edificio se visita por dentro: celdas de los monjes convertidas en salas de exposición, la farmacia original, la celda que ocupó Chopin con su piano y, con entrada aparte, la torre del antiguo Palacio del Rey Sancho, con vistas a todo el valle.
Fuera de la Cartuja, perderse por el pueblo es gran parte del plan: calle Blanquerna, la plaza de la iglesia de Sant Bartomeu, el bancal de flores y las fachadas de piedra con macetas de geranios que han hecho de Valldemossa una postal constante. Merece la pena bajar hasta el Port de Valldemossa, una cala minúscula con un puñado de casas de pescadores y un pequeño torrente, muy distinta del bullicio del pueblo alto.
Deià: el pueblo de los artistas y Son Marroig
Deià es más pequeño y más vertical: casas de piedra apiladas en la ladera, con el campanario de la iglesia de Sant Joan Baptista presidiendo el cementerio con vistas al mar donde está enterrado Robert Graves. El escritor británico vivió aquí desde los años 20 y su casa, Ca N'Alluny, se puede visitar como museo dedicado a su vida y obra. El pueblo entero respira ese pasado bohemio: galerías de arte, talleres de cerámica y terrazas donde artistas y músicos siguen instalándose desde hace décadas.
A las afueras, camino de Valldemossa, está Son Marroig, la antigua finca del archiduque Luis Salvador de Austria. Se visita como casa-museo, con su mirador de mármol de estilo italiano asomado a Sa Foradada, la península con el característico agujero en la roca que es una de las imágenes más reconocibles de la Tramuntana.


