Los platos que hay que probar sí o sí
La cocina mallorquina nace de una isla que ha sido siempre agrícola y marinera a la vez: cerdo, verduras de secano, pescado de costa y el pan como base de casi todo. Es una cocina humilde en su origen —de matanza, de horno de leña, de aprovechamiento— que hoy se sirve tanto en la taberna de un pueblo del interior como en restaurantes con estrella. Estos son los platos que definen la isla.
- Sobrasada: embutido curado de cerdo, untuoso y ligeramente picante, con Indicación Geográfica Protegida (IGP) propia. Se toma untada en pan, a la brasa o como ingrediente de otros platos.
- Ensaimada: el dulce símbolo de Mallorca, un hojaldre enrollado en espiral hecho con manteca de cerdo (saïm). Se toma para desayunar, sola o rellena de crema, cabello de ángel o la propia sobrasada.
- Pa amb oli: pan payés untado con tomate y aceite de oliva, acompañado de queso, jamón o sobrasada. Es el aperitivo o la merienda más habitual en cualquier bar de la isla.
- Tumbet: verduras de temporada (berenjena, calabacín, patata y pimiento) fritas por capas y cubiertas de salsa de tomate. El acompañamiento vegetal por excelencia.
- Frit mallorquí: casquería y verdura salteadas con hinojo, típico de las fiestas populares y las matanzas.
- Arròs brut: arroz caldoso con carne, verdura y setas, uno de los platos de cuchara más apreciados del interior de la isla.
- Porcella: cochinillo asado entero, plato central en celebraciones y comidas de domingo en los pueblos de Mallorca.
En el Casco Antiguo de Palma es fácil encadenar varias de estas paradas en una misma tarde, entre callejones y plazas del centro histórico.
Tour gastronómico auto-guiado en el Casco Antiguo de Palma: 4 restaurantesVer disponibilidad →Dulces y repostería: más allá de la ensaimada
La repostería mallorquina tiene tanto peso como los platos salados. El gató de almendra, bizcocho denso servido con helado de almendra, es un clásico de postre en cualquier menú del día. Los crespells (galletas con forma de estrella o flor) y las cocas de patata acompañan el café de media tarde, y en Semana Santa aparecen las panades, empanadillas rellenas de cordero o verdura.
Mercados: la mejor forma de picar y comprar producto local
Antes de sentarte a comer, merece la pena pasar por un mercado de abastos: es donde se ve el producto real de la isla —sobrasada, quesos, aceitunas trencades, pescado de lonja— y donde muchos puestos sirven tapas para tomar de pie.
Vino con Denominación de Origen y sobrasada IGP
Mallorca tiene tradición vinícola propia, con dos Denominaciones de Origen: Binissalem, la más antigua de la isla, reconocida en 1990 en torno a los municipios de Binissalem, Santa Maria del Camí, Consell, Sencelles y Santa Eugènia; y Pla i Llevant, reconocida en 1999, que cubre el centro y el este de la isla. Ambas trabajan variedades autóctonas como el manto negro o el callet junto a otras internacionales. La sobrasada de Mallorca, por su parte, cuenta con Indicación Geográfica Protegida propia, garantía de que el producto se elabora en la isla con el método tradicional.
Una cata guiada es la forma más directa de entender esta combinación de vino y producto local, con maridaje incluido.
Château Vino de la Isla: Cata de 5 vinos premium y 5 tapas frías en AlgaidaVer disponibilidad →Arroces, cocina de interior y experiencias con chef
El interior de Mallorca —Esporles, Sóller, Sineu, Randa— conserva la cocina más de cuchara: arroces, sopas mallorquinas (a base de pan, no de arroz) y guisos de caza. Es también donde han surgido las mejores propuestas para aprender a cocinar in situ, con chefs locales que explican de dónde viene cada ingrediente y cómo se trabajaba antes en las cocinas de payés.
Y para quien quiera combinar naturaleza y mesa en la misma jornada, la Serra de Tramuntana ofrece rutas de senderismo que terminan con una paella cocinada al fuego de leña, la forma más auténtica de comer arroz en Mallorca.
Serra de Tramuntana: Senderismo y paella al fuego de leña en EsporlesVer disponibilidad →Dónde comer según la zona
- Casco Antiguo de Palma: la mayor concentración de restaurantes, desde tabernas de toda la vida hasta cocina con estrella Michelin; ideal para probar varios platos en una sola visita.
- Pueblos del interior (Sineu, Petra, Randa, Esporles): cocina más tradicional, celleres centenarios y menús de cuchara a precios más ajustados que en la costa.
- Puertos y calas (Sóller, Cala Ratjada, Portocolom): pescado y arroces con vistas al mar, la opción natural tras una excursión en barco.